El cine nos enseñó que los piratas eran cosa del Caribe turquesa. Pero del otro lado de Panamá se libró una guerra más larga y mucho más salvaje: la guerra de los Piratas del Pacífico.
Empezó en 1575, cuando John Oxenham cruzó a pie la selva del Darién, y los últimos asaltos documentados llegaron hacia 1710. En medio, el Mar del Sur se convirtió en un matadero.
Y en el corazón de esa cacería, entre dos océanos, rutas marítimas clave y ríos que arrastraban oro, estaba el Ducado de Veragua, la actual provincia de Veraguas.
¿Hubo Piratas en el Océano Pacífico?
Sí. Entre 1575 y cerca de 1710, bucaneros ingleses, franceses y holandeses cruzaron el istmo de Panamá para asaltar la costa española del Pacífico. Durante unos cien años, la isla de Coiba, a la que sus bitácoras llamaban Quibo, fue su refugio favorito, y entre 1680 y 1688 se convirtió en su cuartel general: allí reparaban barcos, curaban a sus heridos, cazaban tortugas marinas y planeaban asaltos desde Panamá hasta Nicaragua.
El Oro que lo Empezó Todo: La Concepción (1558–1577)
La codicia en Veraguas no nació en el mar. Brotó de la tierra. A mediados del siglo XVI, los ríos Belén y Concepción, en el lado del Caribe, empezaron a sangrar oro, y en 1558 Francisco Vázquez fundó La Concepción, el corazón minero del norte del istmo.
La noticia del “siglo del oro de Veraguas” corrió como pólvora por las tabernas de Jamaica y la Tortuga. Los bucaneros no vieron ninguna razón para picar piedra: les bastaba con esperar en las desembocaduras de los ríos a los barcos españoles de abastecimiento.
Durante más de 20 años asfixiaron al pueblo: sin harina, sin vino, sin pólvora. Los mineros masticaban cuero seco y desenterraban raíces para sobrevivir, mientras los piratas exigían oro en polvo por cada barco que atrapaban. Hasta que los españoles respondieron.
El Plan que Fracasó: Mansvelt va por Natá (1665)
Seis años antes de que Henry Morgan marchara sobre Panamá Viejo, su mentor en la Cofradía de los Hermanos de la Costa tuvo una idea más audaz. El corsario holandés Eduard Mansvelt quería invadir por tierra el interior de Panamá.
Su objetivo era Natá de los Caballeros, el pueblo ganadero más rico del interior y la puerta de las llanuras de Veraguas. El plan: desembarcar cientos de hombres desde la isla de Santa Catalina, en el Caribe, cruzar la cordillera y arrasar las haciendas de Natá.
Nunca ocurrió. El presidente de la Real Audiencia de Panamá declaró la emergencia y envió tropas a sellar los pasos de montaña. Mansvelt fue capturado en 1666, llevado a Portobelo y decapitado en la plaza mayor.
El Olonés: El Pirata Más Temido Encuentra su Final (1668)
Cada vez que el Caribe se llenaba de patrullas españolas, los bucaneros cruzaban la cordillera para golpear las costas del sur. Pero la tierra salvaje de Veraguas sabía cobrarse las cuentas.
Era el hombre más temido de las Indias Occidentales. Vendido como siervo en el Caribe, juró odio eterno a España después de sobrevivir a una emboscada en Campeche untándose con la sangre de sus compañeros muertos. En Maracaibo y Gibraltar torturó con método, y camino a San Pedro Sula le arrancó el corazón a un soldado español y lo mordió frente a los demás prisioneros.
En 1668 su flota naufragó en arrecifes poco profundos. En una barcaza de tablas podridas y con una tripulación hambrienta, tocó la costa norte de Veraguas buscando comida y canoas. No lo esperaban colonos asustados. Lo esperaban guerreros indígenas independientes.
Con la pólvora empapada por la humedad del trópico y superados en número entre los manglares, los bucaneros cayeron uno a uno. El Olonés fue capturado vivo. Los guerreros lo despedazaron, asaron sus restos al fuego y esparcieron sus cenizas al viento.
El Carnicero de Maracaibo encontró su propio matadero en el suelo de Veraguas.
Tres Balas para Richard Sawkins: La Emboscada de Pueblo Nuevo (1680)
En 1680, 330 bucaneros cruzaron a pie el Darién, lanzaron canoas al Golfo de San Miguel y destrozaron la flotilla española frente a Panamá Viejo en la Batalla de Perico. Su premio fue el gigante del Mar del Sur: la Santísima Trinidad, un galeón de 400 toneladas con 52.000 monedas de plata y las bodegas llenas de harina y azúcar.
El mando cayó en Richard Sawkins, un puritano que tiraba al mar los dados de sus hombres si los sorprendía apostando en domingo, y que en combate no conocía límites. Escaso de comida, navegó al oeste hacia Veraguas y remontó el río hasta Pueblo Nuevo (Nuestra Señora de los Remedios) para saquear las haciendas.
Esperaba que los lugareños huyeran, como en otras partes. En cambio, vaqueros, vecinos y milicianos lo esperaban detrás de tres pesadas barricadas de madera en la orilla. Cuando Sawkins saltó al fango con el machete en alto, una descarga cerrada retumbó desde las barricadas. Tres balas le atravesaron la cabeza.
Sus hombres entraron en pánico, abandonaron su cuerpo en el lodo y remaron hacia el único refugio seguro del mapa: la isla de Coiba.

El Golfo de Montijo: Un Laberinto Hecho para Emboscadas
Veraguas no se dejó. El gobernador reunió 800 hombres, entre soldados, lanceros a caballo de las sabanas y flecheros indígenas, y enfrentó a los invasores cuerpo a cuerpo en el fango hasta empujarlos de vuelta a sus botes. El miedo fue tan hondo que comunidades indígenas enteras, como las del cacique Tabarabá, dejaron las orillas de los ríos y se mudaron tierra adentro para siempre, y fundaron pueblos como Soná y El Alto de La Mesa.
Hoy esos mismos canales son una guardería del océano, y los botes pesqueros de Puerto Mutis entran y salen por ellos cada mañana. Aquí tienes nuestra guía del Golfo de Montijo.
Isla Cébaco: El Mirador de los Piratas
La Batalla de Pacheca (1685): Huida hacia Coiba
En mayo de 1685 llegó el mayor choque naval del siglo en aguas panameñas. La flota combinada de William Dampier, Francis Townley, Raveneau de Lussan y François Grogniet bloqueó la bahía de Panamá, segura de poder tomar la capital.
En cambio, chocó contra un muro de hierro: la Armada Real del Mar del Sur, enviada desde el Virreinato del Perú con 14 galeones fuertemente artillados. Frente a la isla Pacheca, las andanadas españolas destrozaron la línea pirata.
Cubiertas astilladas, bodegas llenas de sangre, cientos de heridos y ningún cirujano. La flota española cerraba el paso al este, y las milicias de Natá y Los Santos esperaban con lanzas en tierra. Un viento afortunado les permitió romper el cerco y escapar hacia el oeste. Hacia Coiba.
Isla Coiba (1680–1688): El Cuartel General de los Piratas en el Pacífico
Coiba nunca fue una parada de paso. Los piratas volvieron a ella una y otra vez durante unos cien años, y entre 1680 y 1688 la isla que las bitácoras inglesas y francesas llamaban Quibo fue el cuartel general y el astillero de los Hermanos de la Costa en el Pacífico. Lejos de cualquier guarnición y con bahías profundas y abrigadas, era el único lugar en miles de millas capaz de mantener viva una flota pirata entera. Cumplió cinco papeles.

El Expediente Negro: Los Capitanes que Dominaron el Mar del Sur
Detrás de cada barco incendiado y de cada asalto lanzado desde Coiba había nombres, rostros y reputaciones sangrientas. Ya conociste a El Olonés y a Sawkins. Aquí está el resto de la banda. Sus retratos son ilustraciones nuevas, cada una inspirada en un grabado o una pintura real de su época.
Dampier era el cerebro de la Cofradía: un navegante y artillero de precisión matemática que navegó con Sharp, Davis y Swan. Mientras los demás se emborrachaban con vino robado, él escribía sobre vientos, mareas y fondeaderos, y guardaba sus notas en tubos de bambú sellados con cera para que el salitre no arruinara la tinta.
Cartografió el Golfo de Montijo, Cébaco y los fondeaderos profundos de Coiba, y sus bitácoras revelaron el secreto de la supervivencia pirata en estas aguas: los cazadores miskitos que conseguían carne de tortuga marina y de manatí. Sus cartas náuticas le arrebataron a España su mayor ventaja, el secreto de la geografía del Pacífico. Décadas después, la Marina británica usó sus mapas para atacar los puertos españoles de todo el Mar del Sur.
Un noble parisino arruinado que huyó de sus deudas y se convirtió en la mente táctica más afilada entre los filibusteros franceses del Mar del Sur. Obligaba a los curas cautivos a cantar misa en latín antes de abrir fuego, y aun así enviaba en canastas las cabezas de los rehenes a los gobernadores que tardaban en pagar.
Desde Coiba zarpó para incendiar León y Granada, asaltó los trapiches del Golfo de Montijo y resistió dentro de la iglesia de piedra de Alanje las cargas de la caballería española. Sobrevivió a todo, y de vuelta en París publicó un diario de guerra que cautivó a la alta sociedad europea.
El hereje de la TrinidadBartholomew SharpNacióLondres, c. 1650Activo1679–1682BarcoThe Trinity, ex Santísima TrinidadTomó la Santísima Trinidad después de Perico y aterrorizó 10.000 millas náuticas de costa durante dos años. Capturó El Rosario con más de 700 lingotes de plata y luego varó su galeón podrido en Coiba antes de doblar el Cabo de Hornos. En Londres se salvó de la horca al entregarle al rey Carlos II el atlas secreto español del Mar del Sur, y lo nombraron capitán de la Marina Real.
El puritano de gatillo fácilRichard SawkinsNacióInglaterraMurióMayo de 1680, Pueblo NuevoBarcoFragata de 16 cañones tomada en la bahía de PanamáSaqueó Portobelo, cruzó la selva hacia el Pacífico y encabezó las cargas de chalupas en Perico, compartiendo el mando con Sharp. Su fama temible lo volvió descuidado: en Pueblo Nuevo cargó sin esperar a su reserva y nunca se levantó del fango.
El verdugo de la costaFrancis TownleyNacióInglaterraMurióAgosto de 1686, en el marBarcoFragata de 14 cañones, 120 bucaneros inglesesSocio de De Lussan en Coiba y el ejecutor de la flota. Cuando la Audiencia de Panamá demoró un rescate, decapitó prisioneros y mandó sus cabezas a la playa en una canoa con un ultimátum de 24 horas. La plata llegó a la mañana siguiente. Semanas después, un balazo en el pecho y la fiebre acabaron con él en alta mar.
Navega por Donde Navegaron los Piratas
Los galeones ya no están, los fuertes son ruinas y nadie caza tortugas marinas para salar carne. Lo que queda son las mismas bahías, islas y canales, hoy protegidos, y mucho más fáciles de disfrutar desde un bote privado.
Preguntas Frecuentes
¿Hubo piratas en el océano Pacífico?
Sí. Entre 1575 y cerca de 1710, bucaneros ingleses, franceses y holandeses cruzaron el istmo de Panamá para asaltar la costa española del Pacífico. Abordaron más de 150 barcos coloniales y se llevaron plata de Potosí y oro español.
¿Los piratas usaron la isla de Coiba?
Sí. Durante unos cien años, los piratas usaron la isla de Coiba, llamada Quibo en las bitácoras inglesas y francesas, como refugio en el Pacífico, y entre 1680 y 1688 fue su base principal. Allí reparaban sus barcos, curaban a sus heridos, cazaban tortugas marinas y lanzaban asaltos hacia Panamá, Costa Rica y Nicaragua.
¿Quién fue el pirata más temido de Veraguas?
François L’Olonnais, conocido como El Olonés o el Carnicero de Maracaibo, fue el pirata más temido que llegó a las costas de Veraguas. Murió allí en 1668, capturado por guerreros indígenas después de que naufragara su flota.
¿Quién fue William Dampier?
William Dampier (1651–1715) fue un bucanero, navegante y naturalista inglés que dio tres vueltas al mundo. Cartografió el Golfo de Montijo, la isla Cébaco y los fondeaderos de Coiba, y la Marina británica usó después sus mapas.
¿Se pueden visitar lugares de la historia pirata en Panamá?
Sí. Coiba, Cébaco y el Golfo de Montijo, las islas y canales que usaron los piratas en Veraguas, se pueden visitar en bote desde Santa Catalina o El Bongo. Coiba es hoy parque nacional y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Historia inspirada en las investigaciones del Profesor y Arquitecto Sebastián Aguilar Medina.
Fotos de piratas (imagen destacada y recreación): Branly Bruneth.











